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VERÓNICA DECIDE MORIR 26-05-2008 GTM 1 @ 14:22

riloci —

El día 11 de noviembre de 1997, Veronika decidió que había llegado, por fin, el momento de matarse. Limpió cuidadosamente su cuarto alquilado en un convento de monjas, apagó la calefacción, se cepilló los dientes y se acostó.

De la mesita de noche sacó las cuatro cajas de pastillas para dormir. En vez de  juntarlas y  diluirlas en agua, resolvió tomarlas una por una, ya que existe gran distancia entre la intención y el acto y ella quería estar libre para arrepentirse a mitad de camino. Sin embargo, a cada comprimido que tragaba se sentía más convencida; al cabo de cinco minutos, las cajas estaban vacías.

Como no sabía exactamente cuánto tiempo iba a tardar en perder la conciencia, había dejado encima de la cama una revista francesa, Homme, edición de aquel mes, recién llegada  a  la biblioteca donde trabajaba. Aún cuando no tuviese ningún interés especial por la informática, al hojear la revista había descubierto un artículo sobre un juego de ordenador (CD-Rom le llamaban) creado por Paulo Coelho, un escritor brasileño que había tenido la oportunidad de conocer en una conferencia en el café del hotel Gran Unión.

Ambos habían intercambiado algunas palabras, y ella había terminado siendo convidada por su editor  a una cena que se celebraba esa noche. Pero el grupo era grande,  y no hubo posibilidad de profundizar en ningún tema.

El hecho de haber conocido al autor,  sin embargo, la llevaba a pensar que él formaba parte de su mundo, y leer algo sobre su trabajo podía ayudarla a pasar el tiempo. Mientras esperaba la muerte, Veronika comenzó a leer sobre informática, un tema que no le interesaba en absoluto, y esto armonizaba con todo lo que había hecho durante toda su vida, siempre buscando lo más fácil o lo que se hallara al alcance de la mano. Como aquella revista, por ejemplo.

Para su sorpresa, no obstante, la primera  línea del texto la sacó de su pasividad natural (los  somníferos aún no se habían disuelto en el estómago, pero Veronika  ya era pasiva por naturaleza) e hizo que, por primera vez en su vida, considerase como verdadera una frase que estaba muy de moda entre sus amigos: «nada en este mundo sucede por casualidad».

¿Por qué aquella primera línea, justamente en un momento en que había comenzado a morir? ¿Cuál era el mensaje oculto que tenía ante sus ojos, si es que existen mensajes ocultos  en vez de  casualidades?

Debajo de una ilustración del tal juego de  ordenador, el periodista comenzaba  su  escrito preguntando: «¿Dónde está Eslovenia?»

Nadie sabe dónde está Eslovenia –pensó-. No tienen idea.

Pero aun así Eslovenia existía, y estaba allí afuera, allí dentro, en las montañas que la rodeaban y en la plaza delante de sus ojos: Eslovenia era su país.

Apartó la revista: no le interesaba ahora indignarse con un mundo que ignoraba por completo la existencia de los eslovenos; el honor de su nación  ya no le  inspiraba respeto.

 Había llegado la hora de tener orgullo de sí misma, de saber que había sido capaz, que finalmente había tenido valor y estaba dejando esta vida. ¡Qué alegría! Y estaba haciendo eso  tal como siempre lo  había soñado: mediante  comprimidos, que no dejan marcas.

Veronika había estado buscándolos durante casi seis meses. Pensando que nunca lograría conseguirlos, había llegado a pensar en la posibilidad de cortarse las venas, a pesar de saber que terminaría llenando el cuarto de sangre, dejando a las monjas confusas y preocupadas.

Un suicidio exige que las personas piensen primero en sí mismas, y después en los demás.

Estaba dispuesta a hacer todo lo posible para que su muerte no causara mucho trastorno, pero si cortarse las venas era la única posibilidad, entonces, lo siento, las hermanas que limpiaran el cuarto y se olvidaran pronto del asunto, o si no tendrían dificultades para alquilarlo de nuevo; al fin y al cabo, incluso a fines del siglo xx, las personas aún creían en fantasmas.

Es verdad que ella también podía tirarse desde uno de los pocos edificios altos de Ljubljana pero ¿y el sufrimiento enorme que tal actitud terminaría causando a sus padres? Además del impacto de descubrir que la hija había muerto, estarían obligados a  identificar un cuerpo desfigurado: no, ésta era una solución peor que la de sangrar hasta morir, pues dejaría marcas indelebles en personas que solo querían su bien.

«Terminarán admitiendo la muerte de la hija. Pero un cráneo reventado debe de ser imposible de olvidar.»                 

Dispararse un tiro, lanzarse al vacío, ahorcarse, nada de eso estaba en consonancia con su naturaleza femenina. Las mujeres, cuando se suicidan, eligen medios mucho menos truculentos, como cortarse las venas o ingerir una sobredosis de somníferos. Las princesas abandonadas y las actrices de Hollywood habían dado diversos ejemplos a este respecto.

Veronika sabía que la vida era una cuestión de esperar siempre la hora adecuada para actuar. Y así fue: dos amigos suyos,  compadecidos por sus quejas de que no  podía dormir, habían conseguido -cada uno por su cuenta- dos cajas de una droga poderosa que era utilizada por los músicos de un club nocturno local. Veronika había dejado las cuatro cajas en su mesita de noche durante una semana,  flirteando con la muerte que se aproximaba y despidiéndose, sin ningún sentimentalismo, de aquello a lo que llamaban Vida.

Ahora estaba allí, contenta por haber ido hasta el final, y aburrida porque no sabía qué hacer con el poco tiempo que le restaba.

Volvió a pensar en el absurdo que acababa de leer: cómo era posible que un artículo sobre un ordenador pudiera comenzar con una frase tan idiota: «¿Dónde está Eslovenia?»

Como no encontró nada más interesante en que preocuparse, decidió leer el artículo hasta el final, y descubrió la causa: el tal juego había sido producido en Eslovenia -ese extraño país que nadie parecía saber dónde estaba, excepto quienes  vivían en él-  por  causa de la mano de obra más barata. Unos meses atrás, al lanzarlo al mercado, la productora francesa había dado una fiesta para periodistas de todo el mundo, en un castillo en Vled.

Veronika recordó haber oído algo en relación con esa fiesta, que había sido un acontecimiento especial en la ciudad, no sólo por el hecho de haberse redecorado el castillo para acercarse al máximo al ambiente medieval del CD-Rom, sino también  por la polémica  que  le siguió en la prensa local: había periodistas alemanes, franceses, ingleses, italianos, españoles..., pero ningún esloveno había sido convidado.

El articulista de Homme, que había venido a Eslovenia por primera vez, seguramente con todo pagado y decidido a pasar su tiempo halagando a otros periodistas, diciendo cosas supuestamente interesantes, comiendo y bebiendo gratis en el castillo, había decidido empezar su artículo haciendo un chiste que debía de agradar mucho a los sofisticados intelectuales de su país. Inclusive debía de haber contado a sus amigos de redacción algunas historias falsas sobre las costumbres locales, o sobre la manera poco elegante de vestirse de las mujeres eslovenas.

Problema de él. Veronika se estaba muriendo, y sus preocupaciones debían  ser otras, como saber si existe vida después de la muerte, o a qué hora encontrarían su cuerpo. Aún así, o tal vez, justamente, por causa de eso, de la importante decisión que había tomado, aquel artículo la estaba molestando.

Miró por la ventana del convento que daba hacia la pequeña plaza de Ljubljana. «Si no saben dónde está Eslovenia, Ljubljana debe de ser un mito», pensó. Como la Atlántida, o Lemuria, o los continentes perdidos que pueblan la imaginación de los hombres. Nadie empezaría un artículo, en ningún lugar del mundo, preguntando dónde estaba el monte Everest, aun cuando nunca hubiese estado allí. Y sin embargo, en plena Europa, un periodista de una revista importante no se avergonzaba de hacer una pregunta de esa clase, porque sabía que la mayor parte de sus lectores desconocía dónde estaba Eslovenia. Y más aún Ljubljana,  su capital.

Fue entonces que Veronika descubrió una manera de pasar el tiempo, ya que habían transcurrido diez minutos y aún  no notaba ninguna diferencia en su organismo. El último acto de su vida iba a ser una carta para aquella revista, explicando que Eslovenia era una de las cinco repúblicas resultantes de la división de la antigua Yugoslavia.

Dejaría la carta con su nota de suicidio. De paso, no daría ninguna explicación sobre los verdaderos motivos de su muerte.

Cuando encontraran su cuerpo, concluirían que se había suicidado porque una revista no sabía dónde estaba su país. Se rió ante la idea de ver una polémica en los diarios, con gente de acuerdo o en desacuerdo con su suicidio en honor a la causa nacional. Y se quedó impresionada al reflexionar sobre la rapidez con que había cambiado de idea, ya que momentos antes pensaba exactamente lo opuesto: que el mundo y los problemas geográficos ya no le importaban nada.

Escribió la carta. El momento de buen humor hizo que tuviera otros pensamientos respecto a la necesidad de morir, pero ya se había tomado las pastillas y era demasiado tarde para  arrepentirse.

De cualquier manera, ya había tenido momentos de buen humor como ése, y no se estaba suicidando porque fuera una mujer triste y amargada que viviera víctima de una constante depresión. Había pasado muchas tardes de su vida recorriendo despreocupada las calles de Ljubljana o mirando, desde la ventana de su cuarto en el convento, la nieve que caía en la pequeña plaza donde se hallaba emplazada la estatua del poeta, Cierta vez se había quedado casi un mes flotando en las nubes porque un hombre desconocido, en el centro de aquella misma plaza, le había dado una flor.

Se consideraba una persona perfectamente normal. Su decisión de morir se debía a dos razones muy simples, y estaba segura de que si dejaba una nota explicándola, mucha gente la comprendería.

La primera razón: todo en su vida era igual y, una vez pasada la juventud, vendría la decadencia, la vejez le dejaría marcas irreversibles, llegarían las enfermedades y se alejarían los amigos. En fin, continuar viviendo no añadía nada; al contrario, las posibilidades de sufrimiento se incrementaban notablemente.

La segunda razón era más filosófica: Veronika leía la prensa, miraba la televisión, estaba  informada de lo que pasaba en el mundo. Todo estaba mal, y a ella le era imposible remediar aquella situación, lo que le daba una sensación de inutilidad total.

Dentro de poco, sin embargo, tendría la última experiencia de su vida, y ésta prometía ser muy diferente: la muerte. Escribió la carta para la revista, dejó el asunto a un lado, y se concentró en cosas más importantes y más propias de lo que estaba viviendo -o muriendo- en aquel minuto.

Procuró imaginar cómo sería morir, pero no consiguió llegar a ningún resultado.

De cualquier manera, no tenía que preocuparse por eso, pues lo sabría en pocos minutos.

¿Cuántos minutos?

No tenía idea. Pero  le encantaba  pensar que iba a conocer la respuesta a lo que todos se preguntaban:  ¿Dios existe?

Al contrario de mucha gente, ésta no había sido la gran discusión interior de su vida. En el antiguo régimen comunista, la educación oficial afirmaba que la vida acababa con la muerte, y ella terminó acostumbrándose a la idea. Por otro lado, la generación de sus padres y de sus abuelos aún asistía a la iglesia, solía orar y hacer peregrinaciones y estaba absolutamente convencida de que Dios prestaba atención a todo lo que le confiaban.

A los veinticuatro años, después de haber vivido todo lo que le había sido permitido vivir  -y hay que reconocer que no fue poco-. Veronika tenía casi la certeza absoluta de que todo acababa con la muerte. Por eso había escogido el suicidio: la libertad, por fin. El olvido  para siempre.

En el fondo de su corazón, quedaba la duda: ¿y si Dios existe? Miles de años de civilización hacían del suicidio un tabú, una afrenta a todos los códigos religiosos: el hombre lucha para sobrevivir, y no para entregarse. La raza humana debe procrear. La sociedad precisa de mano de obra. Una pareja necesita una razón para continuar unida, incluso después de que el amor se extinga, y un país requiere soldados, políticos y artistas.

Si Dios existe, lo que yo sinceramente no creo, sabrá que el entendimiento del hombre tiene un límite. Fue Él quien creó este caos, donde reinan la miseria, la injusticia, la codicia, la soledad. Su intención debe de haber sido excelente, pero los resultados son nefastos. Si Dios existe, Él será generoso con las criaturas que deseen alejarse más pronto de esta Tierra, y puede ser que hasta llegue a pedir disculpas por habernos obligado a pasar por aquí.

Que se fueran al diablo los tabúes y las supersticiones. Su religiosa madre le decía: Dios conoce el pasado, el presente y el futuro. En este caso, ya la había colocado en este mundo con plena conciencia de que ella terminaría suicidándose, y no se sorprendería por su gesto.

Veronika comenzó a sentir un leve mareo, que fue creciendo rápidamente.

A los pocos minutos ya no podía centrar su atención en la plaza que se extendía ante su ventana. Sabía que era invierno, debía de ser alrededor de las cuatro de la tarde, y el sol se estaba poniendo rápidamente. Sabía que otras personas continuarían viviendo; en ese momento, un muchacho que pasaba frente a su ventana la miró, sin, no obstante, tener la menor idea de que ella estaba a punto de morir. Un grupo de músicos bolivianos, ¿dónde está Bolivia?; ¿por qué los artículos de las revistas no preguntan eso? tocaba delante de la estatua de France Preseren, el gran poeta esloveno que marcara profundamente el alma de su pueblo.

¿Llegaría a poder escuchar hasta el fin la música que provenía de la plaza? Sería un bello recuerdo de esta vida: el atardecer, la melodía que contaba los sueños del otro lado del mundo, el cuarto templado y acogedor, el muchacho guapo y lleno de vida que había pasado, había decidido detenerse y ahora se dirigía hacia ella. Como se daba cuenta de que las pastillas ya estaban haciendo efecto, él sería, con toda seguridad, la última persona que vería.

Él sonrió. Ella retribuyó la sonrisa: no tenía nada que perder. Él la saludó con la mano; ella  decidió fingir que estaba mirando otra cosa, al fin y al cabo el muchacho estaba queriendo ir demasiado lejos. Desconcertado, él continuó su camino, olvidando para siempre aquel rostro en la ventana.

Pero Veronika  se quedó satisfecha de haber sido deseada una vez más. No era por ausencia de amor que se estaba suicidando. No era por falta de cariño de su familia, ni problemas financieros, o por una enfermedad incurable.

Veronika había decidido morir aquella bonita tarde de Ljubljana, con músicos bolivianos tocando en la plaza, con un joven pasando frente a su ventana, y estaba contenta con lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban. Pero aún estaba más contenta de no tener que contemplar aquellas mismas cosas durante treinta, cuarenta o cincuenta años más, pues irían perdiendo toda su originalidad al estar inmersas en la tragedia de una vida donde todo se repite, y el día anterior es siempre igual al siguiente.

El estómago, ahora, empezaba a dar vueltas y ella se sentía muy mal. «Qué gracia; pensé que una sobredosis de tranquilizantes me haría dormir inmediatamente.» Pero lo que sucedía era un  extraño zumbido en los oídos y la sensación de vómito.

«Si vomito, no moriré.»

Decidió olvidar los cólicos, procurando concentrarse en la noche que caía con rapidez, en los bolivianos, en las personas que comenzaban a cerrar sus tiendas y salir. El ruido en el oído se hacía cada vez más agudo y, por primera vez desde que había ingerido las pastillas, Veronika sintió miedo, un miedo terrible ante lo desconocido.

Pero fue rápido. En seguida perdió la conciencia.

UN CUENTO DE NAVIDAD 26-05-2008 GTM 1 @ 14:20

riloci —

Siempre esta viva la fe en el corazón de los hombres...

Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena. Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la misa de navidad. Se sintió muy confortado. Con paso digno, llegó al centro del altar. a, b, c, d,...

Era, al parecer, un niño  el que perturbaba  la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos. a, b, c, d,...

¡Para! - dijo el cura. El niño pareció despertarse de un trance. Lanzo una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.

¿Que haces? ¿ No ves que perturbas nuestras oraciones?

El niño bajo la cabeza y unas lagrimas se deslizaron por sus mejillas... ¿Donde está tu madre? - insistió el cura.

¿No te ha enseñado a seguir la misa?

Con la cabeza baja el niño respondió: Perdóname padre, pero yo no he aprendido a rezar. He crecido en la calle, sin padre ni madre. Hoy como es navidad, tenia la necesidad de conversar con Dios. Pero no sé cuál es el idioma que ÉL comprende, por eso digo sólo las letras que yo me sé.  He pensado que, allá arriba, ÉL podría tomar esas letras y formar las palabras y las frases que más le gusten.

El niño se levantó. Me voy - dijo -. No quiero molestar a las personas que saben tan bien cómo comunicarse con Dios.

Ven conmigo - le respondió el sacerdote. Tomó al niño por la mano y lo condujo al altar.  Después se dirigió a los fieles. Esta noche, antes de la misa, vamos a rezar una plegaria especial.

Vamos a dejar que Dios escriba lo que ÉL desea oír. Cada letra corresponderá a un momento del año, en el que lograremos hacer una acción, luchar con coraje para realizar un sueño o decir una oración sin palabras.

Y le pediremos que ponga  en orden las letras de nuestra vida. Vamos a pedir en nuestro corazón que esas letras le permitan crear las palabras y las frases que a ÉL le agraden.

Con los ojos cerrados, el cura se puso a recitar el alfabeto.

Y, a su vez, toda la iglesia repitió: a, b, c, d,...

¿POR QUÉ HEMOS DE ESCUCHAR EL CORAZÓN? 26-05-2008 GTM 1 @ 14:19

riloci —

¿Por qué hemos de escuchar el corazón? - preguntó el muchacho cuando acamparon aquel día.

- Porque donde él esté, es donde estará tu tesoro.

- Mi corazón se halla agitado - dijo el muchacho. Tiene sueños, se emociona y está apasionado por una mujer del desierto. Me pide cosas y no me deja dormir muchas noches, cuando pienso en ella.

- Es bueno.  Tu corazón está vivo.

Sigue escuchando lo que él tiene para decir.

En los tres días siguientes, los dos pasaron junto a algunos guerreros, y vieron a otros guerreros en el horizonte.

El corazón del muchacho empezó a hablar sobre el miedo.

Contábale al muchacho historias que había oído al Alma del Mundo, historias de hombres que fueron en busca de sus tesoros y jamás los encontraron.

A veces, asustaba al muchacho con el pensamiento de que podría no conseguir el tesoro, o podría morir en el desierto. Otras veces, le decía que ya estaba satisfecho, que ya había encontrado un amor y muchas monedas de oro.

- Mi corazón es traicionero - dijo el muchacho al Alquimista, cuando pararon para descansar un poco los caballos. - No quiere que continúe.

- Eso es bueno - respondió el Alquimista -.Demuestra que tu corazón está vivo. Es natural cambiar un sueño por todo aquello que ya se consiguió.

-Entonces, ¿por qué debo escuchar mi corazón?

- Porque no conseguirás nunca mantenerlo callado. E incluso si finges no escuchar lo que dice, él estará dentro de tu pecho, repitiendo siempre lo que piensa sobre la vida y el mundo.

- ¿Incluso aún siendo traicionero?.

- La traición es el golpe que tú no esperas. Si conoces bien tu corazón, él jamás lo conseguirá. Nadie logra huir de su corazón. Por eso, es mejor escuchar lo que él dice. Para que jamás venga un golpe que tú no esperas.

El muchacho seguía escuchando su corazón, mientras caminaban por el desierto. Llegó a conocer sus artimañas y sus trucos y llegó a aceptarlo como era. Entonces, el muchacho dejó de tener miedo, y dejó de tener ganas de volver, porque una tarde su corazón le dijo que estaba contento.

"Incluso si protesto un poco", decía su corazón, "es porque soy un corazón de hombre, y los corazones de hombres son así. Tienen miedo de realizar sus mayores sueños, porque encuentran que no lo merecen o que no van a conseguirlos. Nosotros, los corazones, morimos de miedo sólo de pensar en amores que partieron para siempre, en momentos que podrían haber sido maravillosos y que no lo fueron, en tesoros que podrían haber sido descubiertos y quedaron para siempre escondidos en la arena. Porque cuando esto acontece, terminamos sufriendo mucho".

-Mi corazón tiene miedo de sufrir - dijo el muchacho, una noche en que miraban el cielo sin luna.

-Dile que el miedo de sufrir es peor que el propio sufrimiento. Y que ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios y con la Eternidad.

-Cada momento de búsqueda es un momento de encuentro - dijo el muchacho a su corazón.

Mientras buscaba mi tesoro, todos los días fueron luminosos, porque yo sabía que cada hora formaba parte del sueño de encontrar. Mientras yo buscaba este mi tesoro, descubrí en el camino cosas que jamás había soñado encontrar, si no hubiese tenido el valor de intentar cosas imposibles para los pastores.

Entonces, su corazón permaneció silencioso una tarde entera.

De noche, el muchacho durmió tranquilo, y cuando despertó, su corazón empezó a hablarle de las cosas del Alma del Mundo. Dijo que todo hombre feliz era un hombre que llevaba a Dios dentro de sí. Y que la felicidad podría ser encontrada en un simple grano de arena del desierto, como ya había dicho el Alquimista. Porque un grano de arena es un momento de la Creación,  y el Universo tardó millares de millones de años para crearlo.

"Cada hombre sobre la faz de la Tierra tiene un tesoro que le está esperando", dijo su corazón.

" Nosotros, los corazones, acostumbramos a hablar poco de estos tesoros, porque los hombres ya no quieren encontrarlos. Sólo hablamos a los niños. Después, dejamos que la vida encamine a cada uno en dirección a su destino. Pero, desgraciadamente, pocos siguen el camino que les ha sido trazado y que es el de la Historia Personal, y de la felicidad. Les parece que el mundo es una cosa amenazadora, y por esto el mundo se convierte en una cosa amenazadora. Entonces nosotros, los corazones, vamos hablando cada vez más quedo pero no nos callamos nunca.

Y procuramos que nuestras palabras no sean oídas: no queremos que los hombres sufran porque no siguieron a sus corazones".

¿Por qué los corazones no les dicen a los hombres que deben continuar siguiendo sus sueños?-Preguntó el muchacho al Alquimista.

-Porque, en este caso, el corazón es el que sufre más.  Y a los corazones no les gusta sufrir.

El muchacho entendió a su corazón a partir de aquel día. Pidió que nunca más lo dejase. Pidió que, cuando estuviese lejos de sus sueños, el corazón apretase en el pecho y diese la señal de alarma. El muchacho juró que siempre que escuchase esta señal, también la seguiría.

Aquella noche habló de todo ello con el Alquimista. Y el Alquimista comprendió que el corazón del muchacho se había vuelto hacia el Alma del Mundo.

-¿Qué hago ahora? - preguntó el muchacho.

-Sigue en dirección a las Pirámides - dijo el Alquimista-.Y continúa atento a las señales. Tu corazón ya es capaz de mostrarte el tesoro.

-¿Era eso lo que me faltaba saber?.

-No - respondió el Alquimista-. Lo que té falta saber es lo siguiente:

"Siempre antes de realizar un sueño, el Alma del Mundo decide examinar todo aquello que se aprendió durante la caminata. Ella hace esto no porque sea mala, sino para que podamos, junto con nuestro sueño, conquistar también las lecciones que aprendemos siguiendo en dirección a él.  Es el momento en que la mayor parte de las personas desiste. Es lo que llamamos, en lenguaje del desierto, "morir de sed cuando las palmeras ya aparecieron en el horizonte".

"Una búsqueda empieza con la Suerte de Principiante. Y termina siempre con la Prueba del conquistador".

El muchacho recordó un viejo proverbio de su tierra. Decía que la hora más oscura era la que venía antes de salir el sol...

LA VIDA 26-05-2008 GTM 1 @ 14:17

riloci —

Muchas veces en la vida dices que te quieres morir.

No hay que pensar así, la vida es muy valiosa como para desperdiciarla.

Todos somos muy importantes para todos.

Piensa que por ahí para el mundo no eres nadie, pero para alguien eres el mundo.

Muchas veces piensas que alguien es perfecto.

No hay nadie perfecto, todos somos iguales.

Hay gente que tiene cosas que tu no tienes y tu tienes cosas que ellas no tienen.

Muchas veces te sientes poco para alguien.

No tiene que ser así, nadie es, ni poco ni mucho para nadie.

Lo que ocurre es que algunos lastimamos con mas facilidad que otros.

Las virtudes del otro son más visibles que las tuyas.

Muchas veces te aferras a algo o a alguien. No esta mal, pero trata de no hacerlo indispensable para tu vida. Y si lo haces piensa que también hay personas que te quieren.

Muchas veces te desprecias, te miras al espejo y te insultas.

No lo hagas Dios te hizo así y no lo vas a poder cambiar.

Piensa que "el cuerpo es la parte visible del alma que lo habita".

Nunca te guíes por las apariencias, ellas engañan.

Muchas veces nos desilusionamos. Si todo lo que esperamos o pensamos se nos cumple, ¿donde estarían las sorpresas?.

Muchas veces nos traicionan los amigos. Y ahí aparecen los verdaderos amigos que nos consuelan.

Recién ahí nos damos cuenta si estamos yendo por el buen camino.

Por todos esos motivos no bajes los brazos nunca. Por todo eso vive la vida al máximo, diviértete.

Por todo eso quiere la vida, ella no es muy larga, pero si divertida. Puede que te toquen vivir cosas muy feas pero después va a venir algo mejor.

No hagas que tu vida sea un infierno, trata de disfrutar cada momento como si fuese el último.

Toma bien las decisiones importantes, si te equivocas pueden derribar lo que construiste a lo largo de tu vida.

Nunca cambies,  siempre sé tu mismo. Piensa que siempre hay gente que te va a recibir con los brazos abiertos.

Nunca creas que es tarde para volver a empezar. Nunca se es tarde para realizar un sueño, ellos no son imposibles.

Siempre acuérdate que en nuestro idioma hay una palabra para volver a empezar, perdón.

La vida es gratis, es un regalo y los regalos no hay que rechazarlos. Si no lo quieres aceptar no lo hagas, pero piensa en todo lo que te estás perdiendo.

LA BÚSQUEDA DEL SABIO 26-05-2008 GTM 1 @ 14:16

riloci —

El abad Abraham supo que cerca del monasterio de Sceta había un sabio. Fue a buscarlo y le preguntó: - Si hoy encontrara usted una bella mujer en su cama, ¿conseguiría pensar que no es una mujer?

- No-, le respondió el eremita-, pero sabría controlarme.

El abad continuó: -¿Y si descubriera monedas de oro en el desierto, podría contemplar este oro como si fueran piedras?

- No. Pero sabría controlarme para dejarlo en su lugar. Insistió Abraham: - Y si a usted lo buscaran dos hermanos, uno que lo odia y otro que lo ama, ¿lograría pensar que los dos son iguales?

Dijo el ermitaño: - Aunque sufriera, trataría al que me ama de la misma manera que al que me odia.

Aquella noche, al regresar a su monasterio de Sceta, Abraham le comentó a sus novicios: - Les voy a explicar lo que es un sabio. Es aquel que en lugar de matar sus pasiones, consigue con controlarlas.

EL PATO Y LA GATA 26-05-2008 GTM 1 @ 14:15

riloci —

-¿Cómo es que usted se inició en la vida espiritual? –preguntó uno de los discípulos al maestro Sufi Shams Tabrizi.

 -Mi madre decía que yo no estaba lo suficientemente loco como para internarme en un hospicio, ni era lo suficientemente santo para entrar en un monasterio –respondió Tabrizi. –Entonces decidí dedicarme al sufismo, donde aprendemos a través de la meditación libre.

-¿Y cómo le explicó eso a su madre?

-Con la siguiente fábula: alguien le acercó un patito a una gata para que la gata lo tomara a su cargo. Este seguía a su madre adoptiva por todas partes, hasta que un día, ambos llegaron frente a un lago. Inmediatamente el patito entró en el agua, mientras que la gata, desde la orilla, gritaba: “¡Sal de ahí! ¡Te vas a morir ahogado!” Y el patito respondió: “No, madre, descubrí lo que es bueno para mí, y esto es que estoy en mi ambiente. Voy a continuar aquí, aunque tú no sepas lo que significa un lago.”

EL HOMBRE QUE PERDONABA. 26-05-2008 GTM 1 @ 14:14

riloci —

Hace muchos años, vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar a todos los que encontraba en su camino. Por esta razón, Dios envió a un ángel para que hablara con él.

-Dios me pidió que viniera a visitarte y que te dijera que Él quiere recompensarte por tu bondad - dijo el ángel. Cualquier gracia que desees, te será concedida. ¿Te gustaría tener el don de curar? -De ninguna manera - respondió el hombre - prefiero que el propio Dios elija a aquellos que deben ser curados.

-¿Y qué te parecería atraer a los pecadores hacia el camino de la verdad?

-Esa es una tarea para ángeles como tú. Yo no quiero que nadie me venere ni tener que dar el ejemplo todo el tiempo.

-No puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro. Si no eliges, te verás obligado a aceptar uno. El hombre reflexionó un momento y terminó por responder: -Entonces, deseo que el Bien se haga por mi intermedio, pero sin que nadie se dé cuenta - ni yo mismo, que podría pecar de vanidoso.

Y el ángel hizo que la sombra del hombre tuviera el poder de curar, pero sólo cuando el sol estuviese dándole en el rostro. De esta manera, por dondequiera que pasaba, los enfermos se curaban, la tierra volvía a ser fértil y las personas tristes recuperaban la alegría.

El hombre caminó muchos años por la Tierra sin darse cuenta de los milagros que realizaba porque cuando estaba de frente al sol, tenía a su sombra atrás. De esta manera, pudo vivir y morir sin tener conciencia de su propia santidad.

CUIDADO CON LOS RECUERDOS 26-05-2008 GTM 1 @ 14:07

riloci —

Llego a Madrid a las ocho de la mañana. Me voy a quedar apenas algunas horas, no tiene sentido telefonear a los amigos o arreglar algún encuentro. Resuelvo caminar solo por lugares que me gustan y termino fumando un cigarrillo en un banco del parque Retiro.

-Usted parece que no está aquí –me dijo un anciano, sentándose a mi lado.

-Estoy aquí –respondo. –Sólo que doce años atrás, en 1986. Sentado en este mismo banco con un amigo pintor, Anastasio Ranchal. Los dos estamos mirando a mi mujer, Christina, que bebió más de la cuenta y hace como que baila flamenco.

-Aproveche –dijo el anciano. –Pero no se olvide de que el recuerdo es como la sal: en la cantidad adecuada le da sabor a la comida; pero si se exagera, estropea el alimento. Quien vive demasiado en el pasado, gasta su presente en recordar.

A ORILLAS DEL RIO PIEDRA II 26-05-2008 GTM 1 @ 14:06

riloci —

A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar. Percibimos que el instante mágico de aquel día pasó, y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día, y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.

Ese niño que fuimos un día continúa presente. Bienaventurados los pequeños, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.

Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios, aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él. No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar.

Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida...

A ORILLAS DEL RIO PIEDRA... 26-05-2008 GTM 1 @ 14:04

riloci —

 

... Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado.

Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana. Pero quien presta atención a su día, descubre el instante mágico. Puede estar escondido en la hora en que metemos la llave en la puerta por la mañana, en el instante de silencio después del almuerzo, en las mil y una cosas que nos parecen iguales. Ese momento existe: un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.

La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista. El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños. Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones..., pero todo es pasajero y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.

Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ése quizá no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño. Pero al mirar hacia atrás oirá que el corazón le dice: "¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días? ¿Qué hiciste con los talentos que tu maestro te confió? Los enterraste en el fondo de una cueva, porque tenías miedo de perderlos. Entonces, ésta es tu herencia: la certeza de que has desperdiciado tu vida".

                 Pobre de quien escucha estas palabras. Porque entonces creeran en                             milagros, pero los instantes mágicos de su vida ya habrán pasado.