LA MARIPOSA
El día que se celebraba la misa por el alma de su difunto padre Inés rogo con toda su alma para que Dios le permitiera encontrar el modo de favorecer a Clara, y de pronto sintió un gran peso sobre su cabeza, levantó la mano y una mariposa se elevó en el aire. No pudo creer que fuera el pequeño insecto el que provocaba aquella sensación, aquello se repitió varias veces.
Al acabar la misa le contó a su marido lo que le había pasado, pero éste no le hizo el menor caso creyendo que habrían sido alucinaciones. Pero a los pocos pasos fue el marido quien levantaba la mano hacia su cabeza por el gran peso que sentía sobre ella y quien veía elevarse una mariposa ante sus ojos.
La mariposa estaba constantemente presionando la cabeza de uno u otro de los esposos, hasta que Inés insistió tanto en que era una señal que se les enviaba para que ayudaran a Clara que su marido accedió a repartir la cuantiosa herencia de su suegro con sus cuñados.
Así se hizo, y ya restablecidos cariñosamente los lazos entre las dos familias, vieron una mariposa revolotear alegremente ante ellos y luego volar muy alto

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